Hospital Clínica Bíblica

Hospital Clínica Bíblica es el hospital privado más grande y completo de Costa Rica. Fundado en 1929, la misión del hospital se centra en la visión de la salud de cada uno de sus clientes. De acuerdo a sus mejores intereses en mente, el Hospital Clínica Bíblica está en constante crecimiento en las áreas de mejora de la calidad de los servicios y la infraestructura.

Los StrachanEn el año de 1921 se inicia, en Costa Rica, un proyecto de la Misión Latinoamericana. Varios misioneros llegan a este país procedentes de diferentes naciones con el fin de ayudar a los más necesitados. Los esposos Enrique Strachan -de nacionalidad escocesa- y la irlandesa Susana Strachan, se unen a esta noble causa tras haber servido en Argentina durante 17 años como misioneros evangélicos.

Al llegar a Costa Rica, se ven particularmente conmovidos y muy preocupados por el estado tan deplorable del sistema de salud local. Su preocupación fundamental es la salud infantil, pues encuentran que de cada mil niños nacidos al año, trescientos cincuenta y cinco morían, el 50 por ciento de ellos antes de cumplir los cinco años de edad. La desnutrición y el abandono constituían los principales problemas sufridos por la infancia en ese periodo; además, el único hospital que existía y que podía atender sólo a una parte de los enfermos, era el Hospital San Juan de Dios. En cuanto a la salud en general, la expectativa de vida era de unos cuarenta años. Había enfermedades tales como la tuberculosis y el paludismo.

Ante este panorama tan desolador, los Strachan deciden llevar alivio a los más necesitados, los pobres y en especial a los niños. De esta manera, se dedican a brindar servicios médicos gratuitos a estas personas y fundan el Hospital Clínica Bíblica, que estuvo a cargo de la Misión Latinoamericana. La idea original consistía en crear un centro pediátrico, pero con el tiempo surge la necesidad de contar con una maternidad y una clínica quirúrgica. Así, los esposos Strachan toman esto como un reto y logran la construcción de una Maternidad, una sección quirúrgica y una Escuela de Enfermería.

Ya para el año de 1968 se habían dado importantes avances en el área de la salud nacional. La tasa de mortalidad infantil había bajado considerablemente. Las enfermeras se preparaban con gran excelencia profesional y existían programas especiales de alta calidad para la atención de la maternidad y el tratamiento posquirúrgico. Asimismo, ya se contaba con una red de buenos hospitales asociados a la Caja Costarricense del Seguro Social, tales como el Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia y el Hospital México.

En este nuevo contexto, bastante halagador, la Misión Latinoamericana estima que su labor ya está cumplida y que debe marcharse para llevar ayuda a otros tan necesitados como los costarricenses en un principio. Por otra parte, la Misión ya no tenía recursos financieros para continuar con su trabajo altruista. Esto implicaba el cierre del Hospital Clínica Bíblica, el cual, hasta el momento, había sido sostenido por ayuda externa. Se contaba con amplias instalaciones, buen personal médico y un excelente equipo tecnológico. No obstante, sin ayuda económica, no se podía continuar trabajando.

Dada esta difícil situación, un grupo de empresarios del pueblo evangélico, representados por el Ing. Enrique Cabezas, decide solicitar a los misioneros que les permitan constituirse en una asociación que continuará administrando el Hospital. El misionero David Howard, a nombre de la Misión Latinoamericana, acepta el planteamiento. Se constituye la Asociación de Servicios Médicos Costarricense (ASEMECO) en el año 1968.

Los asociados de ASEMECO deciden continuar con el propósito original de la Clínica Bíblica y ratifican su intención de dar atención a los más necesitados. Al tener que autofinanciarse, ASEMECO debía “vender” sus servicios a quienes pudieran pagarlos para poder continuar atendiendo a personas de escasos recursos con las ganancias que esto generara.

Actualmente, los Programas de Acción Social del Hospital Clínica Bíblica conforman la parte central de los propósitos que se contemplan dentro de los estatutos de ASEMECO. Un tercio de las ganancias totales del Hospital Clínica Bíblica son destinadas a Acción Social.

Este destacado profesional fue uno de los más firmes impulsores del Hospital Clínica Bíblica desde 1957. Ejerció la medicina por más de 45 años, siendo un reconocido Médico Familiar. Además, de 1968 a 1982 fue su Director Médico y miembro de su Junta Directiva.

A él se debe la primera importación a nuestro país de vacunas contra la poliomielitis, contra el sarampión y contra la rubéola.

El Dr. Cabezas López ayudó a liderar un programa voluntario de atención médica para personas en condiciones de vulnerabilidad. Introdujo el servicio de medicina familiar y rápidamente fue reconocido tanto en Costa Rica como en el extranjero por su agresiva y exitosa promoción de las vasectomías en diferentes partes del país.

Extracto de una entrevista realizada al Dr. Cabezas López por la periodista Marcela Cantero para La Nación en el 2002, a las puertas de su jubilación:

¿Por qué decidió estudiar medicina?

–Ser médico era mi sueño, pero acá no había Facultad de Medicina y mi familia era muy pobre como para pensar en ir al extranjero. En esa época ser médico era casi como pensar en un viaje al espacio.

Y, ¿cómo consiguió la nave espacial que lo hizo alcanzar su sueño?

–Tenía unos 17 años y estaba internado en la Clínica Bíblica, porque había sufrido apendicitis. En ese entonces, el lugar estaba a cargo de hermanas misioneras y logré que me atendieran por caridad. Ahí conocí a un misionero que me ayudó a conseguir una beca, por un semestre, para empezar mis estudios de medicina en el Wheaton College, en Chicago.

¿Cuáles dificultades tuvo que vencer?

–Muchísimas, yo hice el viaje por tierra, en 1942, y duré 14 días, Me fui con $75 que me había dado la comunidad de mi iglesia evangélica y otros $10 que me regaló un tío. Llegué a Estados Unidos solo, hablando muy poco inglés y sin recursos.

Entonces , ¿al futuro médico le tocó arrollarse las mangas y ponerse a trabajar?

–Sí, trabajé duro para pagarme mi carrera. Hice de todo: lavé platos, corté zacate, pinté casas y, como la carrera de medicina era tan cara, estudié microbiología para trabajar y sacar medicina.

Debió sentirse muy satisfecho con todo ese logro

–¡Claro!, yo crucé la frontera de Estados Unidos con $33 y volví, 12 años después, con el título de médico, una esposa y dos hijos.

¿Qué lo hizo volver?

–Sentía una gran responsabilidad con el país. Por dicha, mi esposa Beulah Green, quien nació en Illinois, ni siquiera dudó para venirse conmigo.

¿Dónde dio sus primeras consultas?–En ese entonces, solo existía el Hospital San Juan de Dios y la Clínica Bíblica. Estuve primero en el San Juan y luego me fui a trabajar a la Bíblica.

"Ahí me quedé y aprendí la diferencia entre la ciencia y el arte de la medicina".

¿Cuál es esa diferencia?

–La ciencia es todo el conocimiento formal sobre la medicina, pero el arte de la medicina es el servicio que se basa en el amor a Dios y el amor hacia el prójimo. Uno hace una verdadera amistad con el paciente y cualquier pago no se compara con las muestras de gratitud.

¿Cuál es el mejor consejo que le da a sus pacientes?

–Tener amor propio, para cuidarse y prevenir enfermedades.

¿Y qué tan grande es su familia de pacientes?

–Inmensa, tengo guardadas unas 10 mil tarjetas, pero he visto a muchos más. Siempre encuentro a alguien que me dice: ëdoctor mi mamá me contó que usted me trajo al mundoí.

¿Qué considera como la peor enfermedad?

–La televisión, yo no pierdo mi tiempo en eso porque solo hay malas noticias y violencia.

¿Por qué aplazó tanto la decisión de retirarse?

–Porque me llena mucho la relación con los pacientes. Yo siempre estoy en el hospital tres veces por semana, incluso, este sábado –ayer para los lectores– tenía unas vasectomías.

¿Y por qué irse ahora?

–Ya me estaba pesando apagar el despertador a las 5 a. m.

¿Qué hará ahora que decidió colgar la gabacha?

–Pues me ha dado por estudiar. Leo mucho, me gusta la historia y analizar la sabiduría de civilizaciones milenarias."También me gusta caminar por mi casa, en San Ramón deTres Ríos, sembrar árboles.. En realidad, tengo mucho por hacer".


Arturo Cabezas López

Casado con Beulah GreenTiene 79 años y nació en Alajuela.Tiene cuatro hijos: Victoria, Rita, Susana y Samuel. Además de siete nietos.Vive en San Ramón de Tres Ríos, en una propiedad donde construyeron las casas todos sus hijos.Es muy madrugador y solía empezar su consulta a las 6:30 a. m., antes de eso acostumbraba subir y bajar las gradas de los cinco pisos de la Clínica Bíblica.Es un gran creyente en Dios y toda su vida ha pertenecido a una iglesia evangélica.

En el 2006, como parte del crecimiento del hospital, la administración decidió rendir homenaje a Don Arturo y a su hermano Enrique, al decidir que el nuevo edificio se bautizara como el edificio Cabezas López.

Ambos fueron parte del grupo que en 1968 creó la Asociación de Médicos Costarricenses (Asemeco) para continuar con la administración del hospital, tras el retiro de la familia Strachan, misioneros que fundaron la Clínica Bíblica en 1929.

“Si no fuera por ellos, la Clínica Bíblica no habría existido para las miles de personas que la han necesitado”, dijo el Dr. Roberto Rodríguez, miembro de la Junta Directiva de Asemeco.

Corrían los años 50 y el Dr. Austin Moore, Cirujano ortopedista norteamericano, famoso, diseñador de las prótesis que se utilizan para fracturas y reemplazos de cadera actuales, le dijo a un joven interno que quería que se quedara en su servicio de ortopedia durante un tiempo mayor al planeado, pues sabía que se devolvía a su país y que iba a necesitar una gran preparación en ortopedia. Ese alumno aventajado, no solo se quedó más tiempo, sino que aprendió lo que se esperaba de él y más, y gracias a dicha formación y a su genio, hacía las más variadas soluciones a los problemas de la traumatología y ortopedia que llegaban al Hospital Clínica Bíblica. Él, a quién el mismísimo Moore preparó, con humildad hacía mención a su profesor con mucho agradecimiento cuando salía de sala de operaciones corriendo y se iba al taller de mantenimiento, y con las medidas tomadas de previo, cortaba, perforaba y él mismo alistaba las prótesis con las que volvía al minuto a sala de operaciones, para luego del proceso de esterilización poner al paciente, devolviéndole la funcionalidad.

Una vez me dijo: es que el Dr. Moore me enseñó que esto se hacía de tal manera… yo jocosamente le pregunté que si era el primo del famoso Dr. Moore, y me respondió con toda humildad que no, que era “el propio Moore” quien le había enseñado y me contó su historia.

Ese médico costarricense, que nunca perdió el amor por su tierra, con quien nos “peleábamos” la costra del arroz para ponerla en la sopa que se hacía al almuerzo en nutrición, aquel médico que no nos dejaba usar los ascensores y nos exigía respeto absoluto hacia los pacientes, aquel médico jovial que siempre tenía una anécdota que contar, un consejo que dar, aquel patriarca bíblico que levantó sus brazos en el pasillo que acezaba a la unidad de cuidados intensivos de la clínica en aquel aciago día en que se accidentó nuestro querido Dr. German Naranjo y nos puso en orden a todos los que queríamos ayudar en la emergencia… aquel médico a quien admiré desde el momento que le conocí siendo estudiante de medicina… yace hoy acá entre nosotros y goza la presencia de nuestro Señor.

Siempre será poco lo que se hable y comente de él, existirán anécdotas y facetas de su vida que no conocemos y que llenarían libros de libros desentrañando su historia, pero el vacío que deja en nuestras vidas será imposible de sustituir y llenar, la medicina de este país pierde un ejemplo, pierde uno de sus prohombres y la historia le reconocerá en su momento sus aportes no solo a la medicina sino al país.

Hospital Clínica Bíblica pierde a uno de los bastiones que consolidan su excelencia y su proyección al futuro. Descanse en paz Don Arturo, trataremos de seguir sus pasos y seguir subiendo escaleras que lleven a su Clínica Bíblica a lugares de excelencia donde usted siempre quiso que estuviera.

Dr. Jorge Cortés Rodríguez

La experiencia de haber tenido al Dr. Arturo Cabezas López cerca de mí, ha sido una de las más gratas vividas. No he conocido un personaje con las virtudes de este caballero, en todas las esferas de su vida. Disfruté el honor de trabajar muy cerca de él, en diferentes etapas de nuestras vidas, entre las cuales cito las de colega, familiar, alumno, amigo, correligionario y beneficiario de múltiples favores.

Lo admiré por su integridad, la entrega a sus pacientes, sus valores morales, su sinceridad, el respeto a los demás, y por su fidelidad al Señor, cumpliendo con las expectativas de conducta de un verdadero cristiano e hijo de Dios; por su practicidad en la Medicina y su carácter valiente y revolucionario en la prestación de servicios retadores, dirigidos al bienestar del paciente en forma absoluta.

Siendo egoísta en mi consideración del Dr. Cabezas López, debo expresar que tuvo una atención muy especial para mí, pues fue mi médico en mi niñez, mi consejero y orientador en mis estudios y en mis inicios como médico, mi tutor en el inicio de mi madurez profesional, y un inigualable maestro en la enseñanza de algunos procedimientos especiales, así como en la visión de la Medicina como ciencia y como arte, éste último aspecto tan relevante para él.

Soy un Médico de Familia gracias a su influencia sobre mí, por su conducta como colega, y por sus sabios consejos en cuanto a tal especialidad. Me encaminó en mis primeros pasos hacia la consecución de este grado; hizo posible mi acomodamiento en el lugar de entrenamiento, a fin de que gozara de apoyo y dirección adecuados en el comienzo de tal empresa, en un país desconocido en forma total para mí.

No dejó de apoyarme al regreso a mi país, Costa Rica, luego del entrenamiento recibido, y siempre estuvo cercano a mí en todo momento, como un verdadero padre y amigo.

No tengo palabras para expresar lo que él significó para mi vida, y mi agradecimiento lo hago extensivo a su esposa, Doña Beulah Green, quien participó, muy activamente, en todos los momentos en que el Dr. Arturo Cabezas López estuvo a mi lado, para apoyarme, dirigirme e instruirme.

No tengo duda de que el Dr. Arturo Cabezas López disfrutará de la presencia del Señor, nuestro Dios, gozando de la vida eterna que Él ha prometido para Sus amados.

Gracias.

Dr. Juan Bautista Pérez Valverde

Dr. Cabezas López

 

 

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