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Vida de Padres (Blog)
San José, Costa Rica. Mayo 2020.
Una definición muy aceptada es la de D. Olweus: “Un estudiante se convierte en víctima de acoso escolar cuando está expuesto, de forma reiterada y a lo largo de un tiempo, a acciones negativas llevadas a cabo por otro u otros estudiantes”.
Para que exista bullying o acoso escolar tienen que darse los siguientes elementos:
Hay que distinguir entre acoso escolar y conflicto escolar. En este último caso, dos alumnos discuten o pelean, pero este conflicto se produce de manera abierta y no existe un desequilibrio de poderes.
Bullying
El término bullying se ha utilizado para designar las relaciones de maltrato o de abuso entre iguales que se producen, más habitualmente, en el marco escolar. La palabra “bully” procede del inglés y quiere decir “matón”, por ello, se corresponde con todas las relaciones que tienen un carácter abusivo, siempre que haya una víctima y una persona que perpetra dichos abusos.
Su significado se relaciona con conductas como la intimidación, las amenazas, los malos tratos físicos continuados, las humillaciones en público, el rechazo social, el chantaje, los insultos reiterados, los motes... Situaciones de abuso en las que no hay provocación previa por parte de la víctima y en las que existe intencionalidad por parte de las personas agresoras.
Acciones negativas: se entiende por acciones negativas aquellas en las que alguien intenta infligir malestar o inflige de forma intencionada a otra persona. Para ello, puede utilizar diversos medios (maltrato físico, agresión verbal, amenazas, rechazo explícito...).
Las conductas de acoso e intimidación utilizados por la persona agresora hacia la víctima se pueden clasificar en los siguientes tipos:
Físico: pegar (empujar, zancadillas, puñetazos...), amenazar con objetos, armas. Puede ser inflingido a la víctima: en este caso, estaríamos hablando de maltrato físico directo; e indirecto si se rompen, esconden o roban objetos o pertenencias.
Verbal: en el caso directo son insultos, amenazas y motes, hacer correr falsos rumores, hablar mal de alguien.
Social: se trata de aislar, excluir, ignorar, no dejar participar a alguien.
Además de las tipologías anteriores, se hace referencia a bullying racista (si las conductas de acoso hacen referencia a la procedencia étnica o a los orígenes de la víctima), bullying sexual (si se hace referencia a la intimidad sexual o corporal de la víctima) y bullying homófobo (respecto a la orientación sexual).
Esta clasificación no quiere decir que las conductas de acoso se produzcan separadamente sino que, de manera habitual, una víctima puede sufrir simultáneamente de maltrato físico, ser excluido e insultado por la persona o por el grupo agresor. Además, el psicológico como tipología de maltrato está incluido en todas las conductas de acoso anteriores y aumenta la sensación de inseguridad de la víctima.
En las conductas explícitas o directas de acoso físico, verbal o social, la persona o grupo agresor está visible y es identificable por la víctima. La víctima se da cuenta de quién le está haciendo daño. En las conductas indirectas (rumores, robos, culpabilizar a una persona inocente…), es más sutil y, por lo tanto, más difícil para la víctima identificar lo que le está ocurriendo.
Las víctimas del bullying sufren las agresiones y la intimidación de otros compañeros y compañeras. Estas conductas de acoso suelen ser bien conocidas por el alumnado, pero son conductas y situaciones más difícilmente observables por parte de los adultos. Por ello, es de utilidad conocer el proceso de victimización: quiénes son los protagonistas de estos procesos y cómo actúan.
La persona acosadora puede actuar sola o en grupo. Habitualmente, el proceso de bullying comienza porque existe una relación de poder, una relación desigual entre la persona o el grupo que agrede y la víctima. Puede comenzar por una situación aparentemente trivial (un mote, un desprecio, un reproche hacia alguna característica personal, un enfado…) e irse agravando paulatinamente si el entorno (las personas adultas o los responsables educativos) no perciben el problema y la situación de acoso. Estas conductas de intimidación de baja intensidad se pueden ir elevando y convertirse en actos más graves y reiterados (reírse, burlarse, aislarle, pegarle…) y, por último, la víctima entra en una situación de la cual difícilmente puede salir sin ayuda externa.
Entre los participantes, se señalan los siguientes protagonistas en los procesos de bullying: la persona agresora (bully), la víctima, los y las compañeras como espectadores de la situación y las personas adultas.
Las personas agresoras: pueden actuar solas o en grupo. Dentro del grupo de personas agresoras existen perfiles diferentes, pero generalmente son chicos y chicas que son respetados por el resto por miedo, aunque no sean aceptadas sus conductas. Tienen capacidad para manipular a otros compañeros y compañeras para que cumplan sus instrucciones, siendo el cabecilla quien orquesta el proceso de acoso hacia la víctima. Por tanto, hay agresores activos y agresores “secuaces” o pasivos que se limitan a seguir las instrucciones por miedo a convertirse ellos mismos en víctimas del bullying o por temor a quedarse aislados del grupo.
Las víctimas: se sienten indefensas ante los ataques y se perciben sin recursos para salir de la situación. Las causas de la victimización pueden ser muy variadas: desde dificultades en las habilidades de relación, la incapacidad de enfrentamiento a situaciones de agresión, hasta los recursos de protección del entorno y de las personas adultas para proteger y defender de las situaciones de acoso a potenciales víctimas. Las víctimas de acoso pueden ser pasivas o provocativas, alumnos y alumnas que provocan al resto y son blanco de las agresiones del resto de compañeros y compañeras. También puede que reaccionen de forma agresiva a los ataques, aunque esta conducta no tiene por qué resultar efectiva, es decir, los ataques se pueden seguir produciendo en una escalada cada vez más fuerte si no media la intervención de figuras adultas.
Los espectadores: en muchas ocasiones, el miedo a ser agredido o acosado hace que el resto de compañeros no se implique en favor de la víctima. A veces, pueden incluso ser reforzadores de las conductas de acoso porque las aprueban o incitan; sin embargo, los espectadores resultan de ayuda en la solución del maltrato, ya que este puede continuar solo si los espectadores lo toleran. Normalmente, cuando media el apoyo y la intervención de las personas adultas pueden llegar a apoyar a las víctimas.
Por último, también son protagonistas las personas adultas (familias y profesorado) como modelos de referencia y para dotar de habilidades para la vida a los niños, niñas y adolescentes; así como por su capacidad de generar los recursos educativos para prevenir el maltrato entre iguales, defender y detener una situación de acoso, mediar en los conflictos entre iguales, o desarrollar planes de convivencia en la comunidad educativa...
Las situaciones de acoso e intimidación tienen consecuencias tanto para las víctimas como para las personas agresoras y espectadoras, e incluso en el contexto (escolar, familiar y social) en el que se produce. La violencia reduce la calidad de la vida de las personas, dificulta el logro de la mayoría de sus objetivos (aprendizaje, calidad del trabajo...) e incrementa los problemas y tensiones que la provocaron, activando una escalada de graves consecuencias.
Para la víctima:
El reiterado sufrimiento de agresiones se relaciona con un mayor riesgo de sufrir trastornos de conducta o psicológicos. Si el bullying es repetitivo e intenso, las consecuencias se agravan. Sus consecuencias más directas se pueden clasificar en personales, escolares y sociales:
Escolares: miedo y rechazo al contexto en el que se sufre la violencia. En el ámbito escolar se produce rechazo, miedo a ir a la escuela, por lo que se produce una disminución del rendimiento y una mayor probabilidad de fracasar escolarmente.
Personales: la imagen que terminan teniendo de sí mismos/as puede llegar a ser muy negativa, afectar a su autoestima, a su conducta y a su apariencia física. Enfrentarse al bullying supone confrontarse a una situación de estrés, algunas víctimas generan síntomas psicosomáticos, ansiedad y depresión. En algunos casos, también puede desencadenar reacciones agresivas y, en casos extremos, ideas o intentos de suicidio.
Sociales: pérdida de confianza en uno/a mismo/a y en los demás. El aislamiento, el menor número de amigos, provoca la ausencia de redes de apoyo. En el futuro, puede producir dificultades para establecer relaciones de intimidad y confianza con otras personas.
Para las y los agresores:
Para las y los espectadores:
Las respuestas del alumnado testigo de situaciones de maltrato pueden ser variadas e ir desde la indiferencia a la implicación; por ello, las consecuencias dependerán de la actitud y la conducta que asuman. Pero en situaciones de bullying prolongado, en las que no se produce intervención de personas adultas y sienten incapacidad para intervenir y detener las agresiones, se pueden producir las siguientes consecuencias:
Los documentos se han confeccionado utilizando las siguientes referencias: http://ceril.cl/bullying.htm